MISA VIRTUAL, TRISTEZA REAL

El día de hoy todavía estamos dentro de la tragedia provocada por el virus denominado corona-19 y que nos ha traído a mal traer desde hace prácticamente un año. 

Ha sido un año lleno de miedos, de ilusiones perdidas y otras ganadas, de reacomodo de la rutina de vida para muchos, de libertades limitadas por gusto o por fuerza y de un distanciamiento físico del mundo que nos rodea.  Distanciamiento de nuestros amigos y familia, a veces del lugar de trabajo, los colegas, los lugares frecuentados regularmente y algunas veces ello nos ha llevado a descubrir nuevos horizontes y a descubrirnos a nosotros mismos, a analizar cuidadosamente o no tanto nuestras vidas en general.

Para muchos los viajes dejaron de ser algo que se planeaba y se convirtieron en sueños más o menos realistas o recuerdos de un pasado que no tiene mucho porvenir.  El trabajo también cambió para muchos, dejó de ser algo que se daba por hecho, por seguro para convertirse en algo que es más bien aleatorio, algo que no cae con la frecuencia acostumbrada y que nos deja bailando en la cuerda floja con presupuestos que ya no sirven de gran cosa, con proyectos que no tienen mucho futuro inmediato y con preocupaciones básicas de cómo pagar la renta o la hipoteca, cómo cambiar de coche o cómo comer y dar de comer a nuestras familias. 

El teletrabajo o trabajo desde casa se ha vuelto la regla para muchos y ha forzado un reacomodo de los espacios familiares pues ahora los adultos necesitan espacios “de oficina” y los pequeños “espacios escuela” y algunas veces teniendo que compartirlos con “espacios familia” y zonas libres de diversión y entretenimiento.  No olvidando que muchos de estos nuevos espacios necesitan herramientas que no siempre están disponibles, ordenadores/computadoras que tengan capacidades de memoria y velocidad considerables, pues no es lo mismo ver la tele o una película por Internet que tener que realizar reuniones virtuales en las que la comunicación es primordial y en las que los microsegundos en un sistema denominado lento pueden dar al traste con nuestro trabajo o estudio.

En muchos países las reuniones de mas de 10 personas están prohibidas, lo cual por supuesto no impide a ciertos inconscientes de asistir e incluso organizar reuniones con cientos si no miles de participantes y ya puestos en correr riesgos, ni siquiera exigen la máscara/cubre-bocas de protección mínima.  

Los hospitales o centros de salud en su mayoría está saturados o peor, los servicios que pueden brindar no son enormes a pesar de la indudable buena voluntad del personal de salud.  Las familias que desafortunadamente tienen uno o varios de sus miembros enfermos tienen que hacer todo lo posible por tratarlo en casa, no siempre con los mejores medios, grandes riesgos y algunas veces aún cuando se prodiguen los cuidados máximos, los enfermos fallecen.  Ahí comienza otro calvario pues en muchos países están prohibidos los entierros, o limitados a 5 ó 10 personas, es muy difícil hacer el duelo de los que se fueron entre lo administrativo de un deceso más las restricciones debido al virus.

Esto me lleva al origen de este texto.  El hermano de una de mis mejores amigas falleció del virus, en su casa y rodeado de su familia pero al mismo tiempo y por razones sanitarias, aislado de sus seres queridos.  No se si sea la regla o solo la costumbre en la familia que considero la mía, pero la consecuencia lógica fue la cremación pues es la única manera de evitar que el virus siga rondando.  La casa de la familia es grande y con un enorme jardín que les permitió reunirse guardando la sana distancia, para poder despedirse del ser querido en persona.  El difunto era un hombre que descrito por su cuñado en una epístola que leyó su esposa, supo granjearse a toda la familia política cuando era joven, era decente, parlanchín, honrado, un hombre cabal y con gran sentido del humor. Además cantaba y tocaba la guitarra muy bien – herencia paterna sin duda alguna, siempre dispuesto a dar una mano al necesitado, un hombre DECENTE.   

Su familia organizó varias misas para despedirse de él, pero ante la imposibilidad de asistir personalmente, restricción de número en las iglesias y para mi de distancia pues ellos están en México, decidieron hacerla por zoom interpuesto, el zoom, para quienes no lo sepan es una de esas plataformas que han surgido estos últimos años, que permiten las videoconferencias, reuniones a distancia con múltiples participantes. 

Algunos de los participantes virtuales

Aquí hago un paréntesis para comentarles que el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, regularmente transmitido por Eurovisión y con la sala llena a tope, este año se realizó con la sala vacía, sólo la orquesta y hubo siete mil participantes activos, en sus casas pero que cuando era el momento podían aplaudir y en la transmisión de la tele se escuchaban los aplausos que venían de todo el mundo.  Fin del paréntesis.  

Estos sistemas permiten estar sin estar, participar sin riesgos y según arreglos con los organizadores, incluso dirigirse a los participantes.  Así asistí a mi primera misa virtual. El sacerdote estaba en el jardín de la casa, la misa lo mas completa posible con todas sus partes, sermones y responsivas como si estuviéramos en una iglesia y al final la viuda se dirigió a todos los presentes – reales pero sobre todo virtuales para leer una linda carta dirigida a su esposo.  Uno de sus hijos habló también de sus nobles sentimientos hacia su padre, lo mucho que lo extrañaba y no faltó participante virtual y real que no soltara una lagrima por el amigo partido.

Así el milagro virtual de la tecnología moderna nos permitió vivir la triste realidad del adiós al amigo, esposo, padre, abuelo, hermano, cuñado, suegro y toda otra relación de cariño con Yin y como dijo su esposa al final,

BUEN VIAJE AMIGO!! 

12 DE ENERO DE 2021

2 thoughts on “MISA VIRTUAL, TRISTEZA REAL

  1. Mercedes, I am sorry to learn of the loss of this decent man, your good friend’s brother. The grief that this pandemic has wrought travels across all boundaries, all languages, all forms of government. Please accept my condolences.

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